Está semana nos conduce
Con una propuesta muy interesante objetos con memoria
El calentador de cama de mi abuela, no sé si tendrá memoria o no, pero yo sí la tengo de aquellos tiempos en qué gozaba de un lugar importante en casa de mi abuela.
Lleno de ascuas venía en manos de mi tía María desde la cocina, en el otro extremo de la casa, hasta la habitación de mi abuela, yo revoloteaba a su lado oyendo "quítate de en medio que te voy a quemar sin querer".
La veía destapar la cama de mi abuela y pasar el calentador por encima de la sábana bajera antes de que se acostara.
Cuando desapareció la casa de mi abuela, llegó su jubilación, se lo tenía merecido, mi madre se lo llevó a su casa para que descansará a gusto, no para que siguiera trabajando.
Cuando la casa de mi madre desapareció, me lo traje conmigo, no para calentarme la cama, sino para tenerlo presente y aquí lo tengo,
en el pasillo, un lugar que tránsito tropecientas mil veces y lo miro con cariño cada vez que paso por su lado.
Hace tiempo mi amigo Francisco Espada, un gran poeta, pidió en su blog que si alguien quería que escribiera sobre un objeto antiguo, que lo haría con mucho gusto. Le mandé la foto del calentador de mi abuela y le hizo esta poesía
A Tracy, como percha para sus recuerdos.
Recordaba los brazos de la abuela
como el rescoldo donde sentirse a salvo,
la dársena en la que refugiarse
de la tempestad de los miedos nocturnos
y dormirse arrullada por cuentos
en vez de padecer los hielos
de aquellos duros inviernos
en el desangelado caserón familiar.
Todos sus placeres se los adjudicaba a la abuela,
cada uno de aquellos momentos dulces
que conformaba el álbum de su infancia,
por eso no entendía
que la gente hablara de sus mayores
como antesala del gran derrumbe de la partida.
Pasados los años, descubrió en el desván
un extraño artilugio de metal
con el que la abuela ─le contaron─
solía planchar la cama cada noche.
Ahora es ella abuela y brazos amorosos,
pero no necesita de esa reliquia para hacer
que su nieta duerma cada día en el paraíso..
Con este poema acabo mi partición, como homenaje a mi abuela y a mí amigo Francisco Espada, poeta sevillano, que introdujo al Calientacamas de mi abuela en este mundo, en el que sí no estás , no existes y El calentador de Camas de mi abuela EXISTE está en el lugar que debe estar en mi casa.
PD. Siento si alguien creía que esta entrada iba de otra cosa. Perdón por la decepción.

Una historia preciosa, más aún cuando es real. Me ha hecho gracia ese comentarios "quita que te voy a quemar sin querer" jajaja es que también ese "sin querer" me lo decían a mí en muchas cosas. Bss
ResponderEliminarEra muy común, jajaja
EliminarUn calentador de camas... nunca lo había oído.
ResponderEliminarQué genialidad!!!
Yo no sé si avanzamos o retrocedemos.
Pues sí, a veces yo también me lo preguntó algunas veces.
EliminarRecuerdo esos calienta camas, que bien que lo hayas guardado, y muy bonita la poesía de Francisco. Si hay que poner nota a las participaciones juveras a ti te pongo un diez. Abrazos
ResponderEliminarMuchas gracias por esa nota, querida Ester.
EliminarRecordar é viver
ResponderEliminarSaudações cordiais e poéticas
Por eso es necesario, vivir para luego poder recordar
EliminarTracy,dorei a história que na tua família tem esse aquecedor de cama ! Agora ele repousa enfeitando tua casa.
ResponderEliminarFicou linda a foto.
Igualmente linda a homenagem e poesia do teu amigo Francisco!
Ótima participação!
beijos, chica
Gracias por tus palabras, la foto me gustó cuando la hice y la poesía de Francisco.... Es la repera.
EliminarLas mentes pueden ser todo lo rebuscadas que quieran, pero para la mía esta entrada no podía ir de nada mejor que del calientacamas de tu abuela.
ResponderEliminarJajaja muy bien pensado.
EliminarTus disculpas sobran, porque no puede ser más tierno tu relato
ResponderEliminarEl poema es un reflejo de tus recuerdo, muy bonito a captado a la perfección tus sentimientos por ese objetivo te une a tu abuela y una época de tu infancia, que se ha postergado a lo largo de tu vida.
En casa de mi tía abuela había otro igual que el tuyo
Hoy no sé quién lo tendrá de la familia, creo que una prima mía, .
Un beso y muy feliz fin de semana 😘 😘 🌹
Es curioso como las cosas que nos acompañan desde la infancia constituyen la vida de la persona, son esencia de ellas.
EliminarVoy a poner un aviso para entrar en tu blog...."Peeligro..está determinado que leer este blog produce unas ganas intensas de llorar"..Niña!! que escribes con tanta emoción tus relatos que mis lágrimas see catapultan...No conocía este tipo de calentador, pero gracias a tu madre y abuela, desde tu casa a la mia, ya lo conozco...Buen poema el de Francisco Espada...es todo un poeta!! Besos niña, te deseo un buen fin de semana
ResponderEliminarY el objeto de recuerdos de hoy te llevó al tierno y conmovedor relato de tu abuela, tu mami, y el calentador de camas que jamás había visto. En mi familia había bolsas de agua caliente forradas y se ponían a los pies. Tengo esa, la de hielo, una chata y un papagayo de la época en que mi marido tuvo un accidente y tuvo que estar tres meses en cama sin levantarse por su columna. Me dirás para qué guardo eso, y bueno, ahí están, forman parte de recuerdos, algunos buenos, otros no tanto. Y me fui por las ramas! Felicitaciones para Francisco, gran poeta, y vos merecedora! Un abrazote hermanita!
ResponderEliminarNo es solo un calientacamas, es un hilo que une generaciones, un pequeño testigo de afectos que siguen vivos aunque las casas cambien y las personas ya no estén. Lo cuentas con esa mezcla tuya de humor, nostalgia y verdad que convierte lo cotidiano en algo entrañable.
ResponderEliminarEl poema de Francisco Espada es un regalo añadido, porque recoge exactamente lo que late en tu relato: la protección, el calor humano, la infancia que vuelve cuando menos lo esperamos.
Me ha gustado especialmente esa imagen tuya pasando por el pasillo y mirándolo con cariño. A veces los objetos no tienen memoria propia, pero despiertan la nuestra, y eso basta para que sigan existiendo de verdad.
Una participación preciosa, de las que dejan un calorcito que no se apaga.
Los objetos valen porque los asociamos a vivencias, recuerdos, como el calientacamas de tu abuela, que de paso es a estas alturas un objeto de colección. Al menos yo, jamás vi uno así, pero el mayor valor es todo lo que evoca en ti y por eso merece ese sitio y poemas como el de tu amigo.
ResponderEliminarUn beso dulce y dulce fin de semana.
Recuerdo uno de esos, ahora todo es eléctrico y aunque menos aparatoso ni de coña tienen el pedigrí de aquellos trastes maravillosos.
ResponderEliminarHola Tracy,
ResponderEliminar¡Jopé que entrada! Empezaré por el final.¿Decepción? ¿Porqué?¿Te parece poco lo que nos has contado del calientacamas? No diría él nada que no hayas dicho tú y que ha complementado tu amigo Francisco. El calientacamas de tu abuela adquiere en este realto un doble mérito, nos evoca tus recuerdos e inspira a Francisco. Termino como empecé ¿Porqué decepción? ¡Jopé que entrada!
Un saludo
Hola Tracy, me gustó mucho tu entrada, de alguna manera me recordó los inviernos de mi infancia, claro que no usábamos ese calientacamas como el de tu abuela, mi mamá solía pasar la plancha caliente o un ladrillo calentado en el horno de la cocina de leña envuelto en una manta y puesto a los pies debajo de las mantas, realmente es un bello objeto el de tu recuerdo y el poema me gustó mucho también, un abrazo.
ResponderEliminarPATRICIA F.
Hermoso homenaje a ese artilugio hoy totalmente desconocido y que a ti en particular te llena de gratos recuerdos, además, el poema de tu amigo le extiende el homenaje. Un abrazo
ResponderEliminarAmiga Tracy, bom dia de sâbado!
ResponderEliminarQue maravilha trazer sua linda recordação ao Jueves!
Gosto de algo sentimental como trouxe.
Parabéns pelas homenagens implicitas na participação!
Tenha final de semana abençoado!
Beijinhos fraternos
Hola Tracy, no creo necesaria ninguna disculpa. Si esos calentadores tuvieran voz propia seguramente podrían contar innumerables curiosidades... Poder tener este objeto de tu abuela es un lujo de recuerdos que siempre tienes presente.
ResponderEliminarMe gustó la forma en que acaricias tus recuerdos y lo expresas para compartirlo.
El poema de tu amigo es una belleza.
Un abrazo y feliz fin de semana