Idea propuesta por Ibso desde el blog:
en él podréis leer nuestras participaciones sobre algo que siendo totalmente normal, no debería existir
Imagen: Asteroide (6478) Gault. Telescopio espacial Hubble.
Tomo una imagen de el autor, Brad Kunkle, que conocí a través de nuestra amiga Gin y creo que sirve muy bien para mí participación en este Jueveando, por los dorados de su óleo salpicado en oro, que utiliza para reflejar en el agua los destellos del cielo e interactuar con el espectador de su obra cuando la contemple.
Aquí no sucede eso, pero la imagen se aproxima al relato porque algo que es totalmente normal como bañarse en el mar al atardecer, produce un efecto que no debería existir, y vaya si existe.
Cada vez que entraba en el mar al anochecer era una nueva experiencia para ella, como si nunca hubiese estado en él y nunca se hubiese dejado rozar por sus aguas. A esa hora es cuando más disfrutaba del baño porque el mar queda solo, en silencio con ese color sepia que le brinda el sol mortecino y con sus pequeñas ondas que lo hacen semejante al desierto.
Ella nunca había estado en el desierto pero creía que allí haría un calor sofocante como el que brotaba por todos los poros de su cuerpo en esos momentos.
Sus sienes se hacían eco de los latidos de su corazón, las palpitaciones resonaban en todo su ser, casi se veía obligada a sumergirse en el agua para calmar esas sacudidas de energía que, ni aún así , desaparecían, por el contrario la envolvían. Siempre imaginaba a la misma persona que la sostenía entre sus fuertes brazos y la dejaba relajada y flotando sobre la superficie del mar.
Ese era su mejor momento.
Y se permitía evocarlo, cada vez que el cuerpo le pedía esas sensaciones aunque no estuviera cerca de esa inmensidad salada que la cobijara.
Montaba toda una liturgia que recreara el mismo ambiente: preparaba con mimo
la bañera con sales, ponía velas que dieran una luz cálida semejante a la puesta de sol y se sumergía en su mundo de ensoñación bajo el trozo de cielo que enmarcaba la ventana...

He llegado a visualizar ese mar desde la bañera y sentir esas olas y el firmamento lleno de 💫.
ResponderEliminarHoy tu relato lleva esa fuerza de amor que sientes por tu mar
😘😘💫
Me alegra saberlo.Gracias por decírmelo.
EliminarEsse efeito realmente existe.. E tu descreves tão nem a cena que deu bem pra nos colocar nela!
ResponderEliminarGostei de ler!
beijos, chica
Un placer que me leas y comentes.
EliminarSin duda bañarse en el mar al anochecer puede ser algo irreal.
ResponderEliminarEl sol se oculta raudo en la línea difusa del horizonte. Las olas parecen apaciguarse invitando al baño. El cielo se incendia en un rojo anaranjado. El agua copia por un instante ese fuego. El cuerpo parece flotar en el vacío y, si te sumerges en el instante preciso, la nada te envuelve. Percibes una efímera calma en el cuerpo y el silencio de tu mente te hace sonreír.
Despides a la luz de una estrella y le das la bienvenida al infinito que se contempla en la noche.
Evocador tu relato.
Un abrazo y gracias por participar.
Espero haber acertado con lo que nos pedías.
EliminarBesos
Su bañera reemplaza en su imaginación todas las sensaciones de zambullirse en el mar y soñar, un abrazote Tracy!
ResponderEliminarNo sé si la bañera puede reemplazar a ese mar, pero ...¡Ole por quién lo intenta!
EliminarLa imaginación no tiene límites ni fronteras.
ResponderEliminarY es gratis, jajaja
EliminarTu relato, no sólo nos introduce en la magia del agua, su poder sanador, su abrazo y su frescura...también nos muestra tu poder de soñar, de sentir el amor de la vida en ese ritual, que uno mismo se dedica y nos pone en contacto con nuestro espíritu, que nos lo agradece profundamente...
ResponderEliminarMi abrazo entrañable, Tracy...
P.D: En el anterior post decías que quizá no había gustado tu post...Lo cierto es que, tus dos posts, el de ayer y el de hoy aún no aparecen en la lista de lectura, la gente no los ha visto, Tracy...
Lo de Blogger es muy serio, yo estoy indignadísima, pero hay que aguantar.
EliminarTracy, qué bien has llevado la propuesta. Algo tan normal como un baño en el mar al atardecer se convierte en una experiencia que roza lo inexplicable, donde la memoria, el deseo y la imaginación transforman la realidad. Me ha gustado especialmente esa liturgia que recrea lejos del mar, con las sales, las velas y el cielo enmarcado por la ventana, como si las emociones encontraran siempre el camino para volver. Un relato lleno de sensibilidad y de esas ausencias que siguen habitando los mejores recuerdos.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, Tracy.
Gracias Enrique, tú siempre tan amable con mis escritos.
EliminarUn abrazo
Hola Tracy, ¿qué tal? No se me actualizan las publicaciones de ningún blog, la tuya última es la de "Día de fiesta", entré a saludarte de mi regreso de vacaciones, y me encuentro con tu relato jueveando, qué sorpresa. Qué bueno, eso de imaginar sensaciones, me ha encantado, imaginar que está una en el desierto, o sumergirse en el mar desde la bañera. Voy a tenerlo que hacer yo ahora que dejé el mar tan lejos.
ResponderEliminarQue estés pasando un feliz día.
Un beso enorme.
Me alegro de tu vuelta María y ya aprovecho , si Blogger me deja, el mandarte todo mi cariño en el día de tu santo que acaba de empezar.
EliminarPásalo lo mejor que puedas y que nadie te enturbie este día, no si quiera Blogger con sus desaguisados.
Pues claro. Son nuestro mundos. Y entonces tan solo el limite es nuestra imaginación.
ResponderEliminar;)
EliminarQue conste que este relato no he podido aun leerlo en mi bitácora, blogger está haciendo de las suyas y no actualiza determinados blogs al día, ya me lo habia aviado Paula en el suyo. Este lo he leído a través del de IBSO en su enlace.
ResponderEliminarTe agradezco tu interés en leerme, a este paso vamos a tener nosotros mismos los que nos anunciemos.
Eliminar¡Paciencia!
Una liturgia de imaginación y evocación, de una mujer con una mirada probablemente soñadora.
ResponderEliminarSaludos.
....además de valiente.
EliminarEs una propuesta muy IBSO y la has resuelto muy bien. Ya te lo han dicho en mi blog no se actualiza el tuyo, ni el de casi ningún amigo, he venido buscándote
ResponderEliminarGracias por tu búsqueda.
Eliminar¿Qué podemos hacer ante eso? Resistir....
Un ritual de sensaciones que gratifica a quien se anime. Muy apropiado aporte para alguien amante del mar como vos, Tracy. Un abrazo
ResponderEliminarHay que animarse a buscar la felicidad donde esté.
EliminarMuy sensual... quiero un baño así.
ResponderEliminarPues... A por él.
EliminarHola Tracy, poder soñar e imaginar un sitio que te gusta, un espacio que añoras estando en tu propia casa es maravilloso, como tu protagonista logró recrear esas imágenes en su baño y disfrutarlo.
ResponderEliminarUn abrazo.
PATRICIA F.
Hola Patricia, gracias por tu comentario .
EliminarAquí estaré aunque Bloggerrrrrr. Lo ompora.
Hola Tracy,
ResponderEliminarCreo que todos necesitamos de un momento especial en ese lugar nuestro que nos sirve de refugio. Cuanto más se repita mejor. Es una especie de "cuarto de pensar" que no es castigo sino un disfrute íntimo y sosegado.
Un saludo
Ese disfrute todos los deseamos y hay que procurarlo porque si no, las neuronas se disparan más de lo que están.
EliminarBañera o mar, todo impulsa a una imaginación fecunda como la tuya. Tenemos un punto de contacto con la bañera. Muy lindo. Saludos
ResponderEliminarHemos coincidido en algo, no está mal.
EliminarEn algun punto tu texto me hizo pensar en esos mares hechos de arena, con la prota nadando entre dunas
ResponderEliminarQué bonito...
Eliminar¿Y te gustó? Porque si así ha sido, me doy por satisfecha.
Estaba convencida de que de verdad se encontraba en el mar.
ResponderEliminarCuriosamente la imagen que has traído a mí me parecen millones de patatas fritas . Y no es hambre, ni Hula, sino mala vista 😳🤣
De lo preguntaré cuando la vea y te lo comento.
EliminarLo de las patatas ,es verdad, pero los artistas ya sabes cómo son.
Gracias por venir y comentar.