fue cuando asistí al cine a ver la película:
en una sala llena hasta la bandera de treceañeras atraídas por el físico de Mario Casas
y quinceañeros perdidos locamente por la sexulidad de Clara Lago.
Cuando yo me encontré allí, me sentí como la tatarabuela de alguno de ell@s, que se había colado en la sala para cotillear con quien andaba su tataraniet@.
Visto lo cual pasé lo más dignamente posible entre el personal, me coloqué en un lateral y me puse a ver dos películas en una: la de la gran pantalla que, dicho sea de paso, estuvo entretenida y me gustó sobretodo el trabajo de Clara Lago, y la peli protagonizada por l@s espectadores cuyos grititos subían de volumen cada vez que Mario y Clara ponían caritas, se desnudaban o montaban en moto.
Una experiencia novedosa y traumática para mí: verme tan "mayor", como no me había visto nunca en la vida.
¿Cómo llegué a elegir esta peli entre todas las de la cartelera?
Pues porque leí que estaba basada en una obra de Federico Moccia y sentí curiosidad, a pesar de que no sabía ni que era continuación de una primera parte.
Auguro muchísimas más partes porque es la gallina de los huevos de oro que en sólo una semana de estar en cartel ha recaudado cinco millones de euros, que no está nada mal.
A mi desde luego tardará en olvidárseme la millonaria película.