No sé cómo ha llegado a mis manos y al ser anónimo tampoco sé quien la ha escrito, pero lo suscribo de principio a fin. Cuando lo leí me encantó y pensé en que tenía que compartirlo con vosotros a ver qué os parece.
HACERSE VIEJO ES UN REGALO
A veces me sorprende la persona que aparece en el espejo. Pero no me preocupo mucho por este tema, no cambiaría nada de lo que tengo por unas cuantas canas menos y un estómago más plano.
No me regaño por no hacer la cama o por comer algunas cositas de más.
Estoy en mi derecho de ser desordenada, de ser extravagante y pasar el tiempo mirando la nada.
Estoy en mi derecho de ser desordenada, de ser extravagante y pasar el tiempo mirando la nada.
Se me ha ido mucha gente de este mundo antes de haber disfrutado la libertad que viene con hacerse viejo.
¿A quien le importa si elijo leer o estar en el ordenador hasta las cuatro de la mañana y luego dormir hasta quien sabe qué hora?
Bailaré conmigo al ritmo de los sesenta o setenta y si luego deseo llorar por algún amor perdido, lo haré.
Caminaré por la playa en biquini ante las miradas de otras mujeres que tienen un cuerpo escultural. Ellas también se harán viejas, si tienen esa suerte.
Es verdad que a través de los años mi corazón ha sufrido por la pérdida de seres queridos o por ver morir a mi mascota.
Pero ese sufrimiento me ha hecho crecer.
Me siento orgullosa por haber vivido lo suficiente como para que mis cabellos se vuelvan grises y pueda conservar la sonrisa de mi juventud.
Me gusta ser vieja, porque la vejez me hace más sabia y más libre; sé que no voy a vivir para siempre, pero mientras esté aquí voy a vivir según mis propias leyes, las de mi corazón.
No pienso lamentarme por lo que no fue, ni preocuparme por lo que será; el tiempo que me quede amaré la vida simplemente como lo hice hasta hoy, el resto se lo dejo a Dios.
Es verdad que a través de los años mi corazón ha sufrido por la pérdida de seres queridos o por ver morir a mi mascota.
Pero ese sufrimiento me ha hecho crecer.
Me siento orgullosa por haber vivido lo suficiente como para que mis cabellos se vuelvan grises y pueda conservar la sonrisa de mi juventud.
Me gusta ser vieja, porque la vejez me hace más sabia y más libre; sé que no voy a vivir para siempre, pero mientras esté aquí voy a vivir según mis propias leyes, las de mi corazón.
No pienso lamentarme por lo que no fue, ni preocuparme por lo que será; el tiempo que me quede amaré la vida simplemente como lo hice hasta hoy, el resto se lo dejo a Dios.











