Nos pide CAMPI que recreemos aquellos juegos que nos hacían felices en nuestra niñez, cuando se podía jugar en la calle.
Más que juegos, recuerdo travesuras, como ponernos a chupar limones delante de los músicos que tocaban los Domingos en el Paseo para que desafinaran o el irnos al anochecer con linternas al parque (sólo había uno) y cuando encontrábamos a una pareja de novios, los iluminábamos con una ráfaga de luz y el novio siempre se levantaba, dejando el beso a medias, y echando improperios nos seguía, sin encontrarnos porque ya nos habíamos camuflado entre los árboles que, por suerte para nosotros, estaban poco iluminados y conocíamos bien.
¡ Qué malas ideas teníamos!, he de decir en nuestra defensa, que estás maldades se le ocurrían a los niños de la pandilla y que las niñas casi estábamos obligadas a hacerlo para pagar el trato que habíamos hecho con ellos anteriormente, de acompañarlos en esta fechoría, si ellos se venían a jugar a los corralones de la casa de Manolita, en los que parecíamos vivir aventuras en la selva con la maleza y los árboles que había en ellos, además, eran varios corralones seguidos que bajaban en cuesta desde la plaza del pueblo de mi abuela , a una calle que ya estaba en el llano, saltábamos tapias, cogíamos limones, higos, moras, incluso unas pelotillas rojas que le llamábamos "majuletas" y que los mayores decían que eran venenosas, pero... aquí estamos aún. Buscábamos huevos de las gallinas, incluso, me acuerdo que "mi" Juanito, que ya empezábamos a tontear con los "me gusta", se los comía crudos, asco me da pensarlo.
Fueron años bonitos, de hacer farolas con las sandías y sacarlas por la noche en procesión o de ir al cine de verano a comer pipas y ver pelis del Oeste, porque era la única forma de llegar más tarde a casa y estar más tiempo con los niños que nos gustaban.
¡Qué tiempos!
Tuvimos suerte de disfrutar de esos tiempos... no había pantallas, menos mal...
ResponderEliminar