¡Qué trabajoso me resulta vivir este día!
Desde mi infancia en mi casa no se me educó para mirar a la muerte cara a cara, quizás era lo que se hacía en mi generación o quizás era cosa de mi familia, o la culpable soy yo misma, no sé..., el caso es que veo a mis hijas enfrentar este proceso como una parte de la vida y si ya miro a mis nietos... ni te cuento: lo tienen asumidísimo . Recuerdo hace ya algunos años cuando estábamos cenando en la cocina y Hugo me preguntó:
- Abuela cuando te mueras ¿quién cuidará de esta casa?
Me dejó de piedra. A mí con 6 ó 7 años que era los que tenía entonces Hugo, jamás se me hubiera ocurrido hacer esa pregunta, ni se me ocurría que mis mayores se murieran.
Poletillo, a raiz de la muerte de mi hermano, parece que lo está digiriendo como puede. Este verano me preguntó sin venir a cuento:
-Abuela ¿Tú vivirás con 200 años?
Y yo le contesté: ¡Qué va! y volvió...
- Abuela ... ¿ y con 125 años?
Y ya cerré el turno de preguntas y le dije:
- No creo, pero te prometo que lo voy a intentar.
Me dió un abrazo fuerte y yo respiré lo más profundo que pude.
Tampoco a mí, con la edad que tiene Pol, se me hubiera ocurrido preguntarle eso a mi abuela.
Hoy día intento reeducarme al menos ante ellos e intento tratar a a la muerte con la mayor naturalidad de la que soy capaz.
Con mi sonrisa, mi taza de té en la mano y mi comunicación con vosotros.