I
Conocí a una mujer de 50 años que me contó que había entrado en un sitio on line que se llamaba: SÓLO QUIERO HABLAR . COM y le había cambiado la vida.".
Así comenzó la sesión de "Anónimos en soledad", a la que Soledad acudía por primera vez.
Una máscara con su nombre le cubría el rostro, al igual que a las demás personas que formaban el círculo. Sólo lo tenía al descubierto Remedios, la conductora de la terapia a la que se había apuntado Soledad por internet, donde se anunciaba como una actividad novedosa, presencial, aunque se respetaba el anonomato.
Era el primer día, no se conocían entre ellos, sólo Remedios era su enlace conocido.
Los nombres seguramente, no serían los verdaderos, pensó Soledad al leerlos: Dolores, Angustias, Santos, Lucho, Silencio, Amsdor y algunos más.
Empezaron diciendo el mombre que rezaba en su máscara, la edad, sólo si les apetecía decirla, y los motivos que los habían llevado a inscribirse en esta terapia.
Sus voces eran tan diferentes, que por sí solas podían definir a la persona que estaba a hablando: cálidas, graves , aflautadas, roncas...
Había de todos los colores, como también había diversas causas motivadoras de estar allí, aunque todas tenían en común la incomunicación que lleva consigo la soledad que en la mayoría de los casos traen aparejada una depresión.
Remedios les propuso una tarea para empezar" todos los días tenían que intercambiar palabras con siete personas distintas.
Podía ser el tendero del barrio, la cajera del super, el camarero del bar.... Y luego comentarían en la próxima sesión.
Les entusiasmó la práctica y todos, sin ponerse de acuerdo, fueron quitándose la máscara para mostrarse tal como eran en realidad, ya no estaban solos , habían encontrado con quien hablar, con quien comunicarse.
No estaban solos.


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