que no me puede estar gustando más
Con una sensibilidad a la hora de narrar el día a día de una chica que hereda la papelería de su abuela y es escribiente, como ella de quien aprendió el oficio.
Cuando el frío del atardecer nos arrincona entre las sombrillas y las hamacas de la playa, ahí seguimos, mi hija y yo embebidas en nuestras lecturas , resistiéndonos a salir de nuestros respectivos mundos, a menos que se haga la noche.
En mi historia se reproduce un mapa del lugar en el que se desarrolla la historia, con lo cual os digo que estoy más tiempo deambulando por sus calles, que por las de Los Boliches.
Las descripciones que hace la autora Ito Ogawa son tan pormenorizadas con tanta belleza, que no te cansas de repasar una y otra vez, cosas tan corrientes como las clases de papel que usa, las plumas o las tintas que utiliza para hacer sus misivas, de las que me gustaría ser una de las destinatarias de sus cartas por encargo
Es una preciosidad de escritura.
Sí queréis sentir el placer de la lectura, leedla.





Tengo bastantes en cola, pero procuraré leerla. Ya no es lo que era, entre el libro electrónico, (luz y letra, obliga), y la posibilidad, (cierta), de dormirme, aunque los libros sean interesantes, ya no puedo prometer lecturas, como no sean poemas y versos sueltos.
ResponderEliminarDoy fe, de que los noventa años, se dejan notar.
Besos.