Nos dirige nuestra NEO y nos expone una serie de imágenes, para que con una de ellas, escribamos sobre los rastros que nos dejó esa existencia que nos evoca
La imagen elegida por mí ha sido esta:
Si las mantelerías tienen moho,
la soledad también lo tiene.
No se necesitan manteles bordados
para comer un pedazo de pan
reseco por la nostalgia
y beber un vino avinagrado
por el paso del tiempo,
mientras se contempla una fotografía
color sepia descolorida por los años.
En ella una mesa acicalada,
con copas finas, cubertería de plata
y vajilla de cerámica Cartujana,
lucía sobre manteles de hilo bordados
y como único camino de mesa
un centro navideño de hojarasca
recogida del campo por los nietos.
Las iniciales primorosas en las servilletas
acreditaban el amor enlazado de los anfitriones,
que ahora son pasto de otros convites.



































