las que tuvieron ayer las procesiones que desfilaron por nuestras calles.
La "bofetá", como la gente llama cariñosamente a "El perdón", que sale por el Barrio de la Judería.
Fijaos las dimensiones que tiene el paso y la dificultad añadida que le da esa esquina situada frente por frente de la puerta de la iglesia por donde tiene que salir.
La Virgen del Rocío y Lágrimas aparece por la puerta del templo casi rozando su arco exterior,
labor de encaje de bolillos es la que hacen los costaleros y el capataz.
La dificultad no acaba con la salida del templo, ya que la estrechez de las callejas de la Judería hace mantener la tensión en todo momento. La foto constata que practicamente se pueden tocar con la mano los varales del palio de la Virgen.
Par mí estos son los mejores momentos de la Semana Santa: las "salidas" de los pasos a primera hora de la tarde, junto con las "recogidas en la madrugá".
Cada procesión, dependiendo del barrio de origen, tiene su ideosincracia particular.
Ayer también desfiló El Perdón, salió de su barrio el Alcázar Viejo, uno de los más emblemáticos de Córdoba, famoso por sus patios, rejas y balcones, por sus calles estrechas y empedradas situado a la sombra de las Murallas y del Alcázar.
De nuevo se repite la justeza entre el palio y el dintel de la puerta.
"Derecha adelante", "despacito", "izquierda atrás", "costaleros valienes"... y así un sin fin de órdenes dadas por el capataz al puñado de costaleros que se hacen uno, a la voz de "al cielo con ella".
Es otra forma de ver la Semana Santa.
Lo importante es pasarlo bien.










