y el pie forzado es de Ángel González ¡casi ná!
La idea de escribir partiendo de ese pie forzado, se le ha ocurrido a San que nos pide que escribamos un texto bello, sobretodo.
Si lo queréis leer pinchad aquí
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes"
(Ángel González)
Y como a mí los lunes me gustan poco, intenté que el resto del día siguiera siendo miércoles.
se puso casi lunes"
(Ángel González)
Y como a mí los lunes me gustan poco, intenté que el resto del día siguiera siendo miércoles.
Me senté en mi sillón favorito, en el rinconcito, al lado de la ventana, puse el Adagio de Albinoni, me tapé con una mantita tan gustosa que me hizo sentir como si estuviera en el claustro materno y me dispuse a convertir la tarde del miércoles en todo un fin de semana anticipado.
La habitación estaba en penumbra los últimos rayos de sol de la tarde entraron a hacerme compañía y a ofrecerme un espectáculo único: miles de partículas realizaban piruetas en el aire y al compás de la música entraban o salían de escena, a lo largo y ancho del haces de sol que se multiplicaban al atravesar las rendijas del trozo de persiana que había bajada.
Era una visión múltiple en un plano inclinado, ni el mejor espectáculo multimedia podía superarlo.
Lo contemplé absorta el tiempo que duró, hasta que los rayos de sol se fueron apagando como ocurre en las mejores representaciones de ballet.
Aquí no bajó el telón, las protagonistas fueron saliendo poco a poco de escena según los rayos de sol iban desapareciendo.
Aplaudí puesta en pie, como si estuviera en la primera fila del mejor teatro del mundo.
Pero no hubo bises.
Fue una tarde hermosa, me sentí feliz atrapando esos instantes que la vida regala continuamente aunque no siempre sabemos disfrutarlos por la vorágine en la que se mueven nuestros días.
La "piadosa luz" que dice Ángel González, "detuvo en los lienzos del recuerdo, esos días azules y ese sol de infancia".
La habitación estaba en penumbra los últimos rayos de sol de la tarde entraron a hacerme compañía y a ofrecerme un espectáculo único: miles de partículas realizaban piruetas en el aire y al compás de la música entraban o salían de escena, a lo largo y ancho del haces de sol que se multiplicaban al atravesar las rendijas del trozo de persiana que había bajada.
Era una visión múltiple en un plano inclinado, ni el mejor espectáculo multimedia podía superarlo.
Lo contemplé absorta el tiempo que duró, hasta que los rayos de sol se fueron apagando como ocurre en las mejores representaciones de ballet.
Aquí no bajó el telón, las protagonistas fueron saliendo poco a poco de escena según los rayos de sol iban desapareciendo.
Aplaudí puesta en pie, como si estuviera en la primera fila del mejor teatro del mundo.
Pero no hubo bises.
Fue una tarde hermosa, me sentí feliz atrapando esos instantes que la vida regala continuamente aunque no siempre sabemos disfrutarlos por la vorágine en la que se mueven nuestros días.
La "piadosa luz" que dice Ángel González, "detuvo en los lienzos del recuerdo, esos días azules y ese sol de infancia".



















