Teresa Cameselle, como todos los años por Halloween, toma el mando de los Jueves con el tema del miedo de las cosas que no se ven. Podéis leer los relatos en su blog
Trabajaba en un parking de la ciudad, cuando le tocaba el turno de noche se sentía nervioso desde el mismo momento que salía de su casa: El ruido que hacía la puerta al cerrarse tras de sí retumbaba en su cabeza produciendo un vacío en su interior que le erizaba el vello y le hacía bajar las escaleras tan deprisa como si lo persiguieran, las voces que salían de los pisos lo aturdían.
Más de una vez la luz se apagaba y él continuaba bajando a obscuras, sin detenerse a darle al interruptor, para poder llegar cuanto antes al zaguán iluminado por las luces que entraban de la calle . Abría la puerta con determinación pero el chirrido de las desengrasadas bisagras hacían que su corazón latiera a tal velocidad que necesitaba aspirar grandes bocanadas de aire, que lejos de serenarlo, aumentaban su inseguridad.
Aquella noche, a lo lejos, oyó maullar a un gato y pensó que estos animales suelen presagiar situaciones extrañas ...
La niebla reinante dotaba de un aspecto siniestro a los pocos transeúntes con los que se cruzaba , lo que hacía que aligerara el paso sin prestar mucha atención donde pisaba.
De pronto quedó paralizado al ver dos pequeñas luces que se acercaban hacia él, su cuerpo se empapó de un sudor frío que le heló la sangre, quería gritar pero no podía, parecía haberse quedado sin voz, de pronto salió de su garganta un tremendo alarido de dolor que le hizo caer al suelo y desnucarse con el bordillo.
Jo... parece la Audiencia Nacional.
ResponderEliminarBesos.
Los ojos del gato en la oscuridad pueden provocar un infarto. Y es que el miedo es dificil de superar. Abrazos
ResponderEliminarEl miedo tiene más poder para quitarte la vida que cualquier arma.
EliminarHas sabido llevarnos al clímax con un relato muy "jalovey", para un inesperado final, pleno de socarrón humor.
ResponderEliminarAdemás de guapa, buena escritora.
Besos.
Por los dos piropos que me echas al final, veo que has perdonado el lapsus que tuve al no poner el famoso NO al comentar tu entrada. Gracias.
EliminarDios has acertado los garajes suelen dar ese efecto de terror , pánico , miedo .Todo puede ocurrir y es algo muy real ..el hombre no pude resistir tal tensión y los lindos ojos del gato le llevo a su desgracia ..
ResponderEliminarUn abrazo y uff la próxima vez tendremos mas en cuenta esos ojos brillantes .
Feliz fin de semana .
Los ojos de los gatos en la oscuridad son de infarto como decía Ester un poco más arriba.
EliminarSu propio temor a lo extraño fue lo que lo mató.
ResponderEliminarQue bien contado.
Un abrazo.
Relato bien hilado. Hay que tener cuidado con lo que la mente escucha, ve... a veces, no tiene por que ser realidad. Aunque otras, la realidad supera la ficción.
ResponderEliminarBesos, Tracy.
La mente humana es peligrosísima, para ella misma.
EliminarBuenas tardes, Tracy:
ResponderEliminarMe parece muy bueno el ritmo que va cobrando tu relato, marcado por la agitación progresiva en tu personaje. El ritmo es ágil, no atropellado, lo que hace que nuestra lectura se acompase a lo que cuentas.
El final me ha sorprendido.
Un abrazo, Tracy.
Gracias eso era lo que pretendía que en el lector fuera in crescendo el pánico a la par que en el protagonista.
EliminarUn beso.
Fíjate que a mí me encanta el género del terror, pero claro, sentada y comiendo palomitas jajaja…, otra cosa es vivir un situación de esas en las que el pánico se apodera de ti, y a veces, quizá más por el ingrediente de nuestra imaginación, pudiendo provocar desde un infarto, hasta una situación como la que nos has contado…
ResponderEliminarMuy bueno, querida Tracy…
Bsoss enormes, y muy feliz finde! 😘
A mí no me gusta nada el género de terror, pero una vez al año no hace daño.
EliminarUn beso fuerte.
Es curioso que la asociación de ideas tras leer un relato tan bueno sean tan diferentes: los ojos de un gato, el temor a los extraño, incluso la Audiencia Nacional...fíjate, para mí ha sido el Parlamento de Cataluña (lo explico, es por la sensación del daño extremo que puede hacer una ficción)... quizá también influenciado por Toro...
ResponderEliminarGran narradora.
Es normal que pase eso, igual que al leer un libro cada uno de sus lectores lo interpreta de una forma distinta, así es que... ¡adelante con las asociaciones de ideas.
EliminarUn abrazo
Me ha gustado mucho cómo lo has hilvanado hasta el sorprendente final.
ResponderEliminarA veces, la mente traiciona.
Un beso fuerte, Tracy, y buen fin de semana.
:)
La mente es para tenerle mucho respeto por lo que puede llegar a hacernos sentir.
EliminarUn besazo
Me voy corriendoooooooo
ResponderEliminar(Dejo un beso)
¡Qué prisa, si casi he cogido el beso al vuelo!
EliminarJjajajajajja como para no correr!
Eliminar¡Miedica!
EliminarBrillante relato con final inesperado, quizás cruel y ligeramente grotesco. Magnífico. No voy a decir como escribes que ya sabes lo que pienso.
ResponderEliminarFeliz noche de viernes
Pues sí, hasta a mí me sorprendió el final, jejejeje
EliminarUy! Que mieeeedooooo... :)
ResponderEliminarBesos y salud
¡Anda ya!
Eliminar¡Mataste a tu protagonista... y lo que me falta por ver!! Jajaja.
ResponderEliminarNada que te quedó de lujo y breve, doblemente bueno.
Abrazo de anís.
Gracias Sara, un beso.
Eliminar!Que terror! Pobre de tu protagonista, pasar por toda esa zozobra aterradora para luego sucumbir. No me esperaba ese final tan macabro. Buen relato, Tracy!
ResponderEliminarAbrazo
Él lo propició con sus miedos, jejejeje
EliminarAl final, el peligro estaba en lo real.
ResponderEliminarSalu2.
Como siempre.
EliminarLa sugestión puede jugar malas pasadas si no se le pone coto: a unos les asusta la noche y a otros la factura de la luz.
ResponderEliminarUn abrazo.
Jajaja hay sustos para todos los gustos.
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